Shakespeare, la perfomance. ¿Entre el Sainete y Pirandello?

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Por Alejandro A. Domínguez Benavides para Revista Argentina (Tercera Época)

Elenco: Graciela Rovero, Rodo Asecas, Rita Asuar, Claudia Benavides, Lilia Cruz, Samira Murad, Laura Perillo, Mayra  García Giménez, Flavia Carlucci, Matea Molinatto Mimi Ferraro,  Matías Zas, Laura Perillo y Pam Morrison.

Músicos: Antonio Pietronave (laúd)- Patricio Bo (flauta traversa).

Textos: William Shakespeare

Dirección, adaptación y puesta en escena: Martín Barreiro.

Lugar: Teatro del Convento

Dirección: Convento de San Ramón Nonato, Reconquista 269 Ciudad de Buenos Aires.

Funciones: sábados de septiembre  a las 17:30 y de octubre a las 18:30. Reservas por  https://www.facebook.com/teatroelconvento/posts/1302514683511008 o al 4264-1101, capacidad limitada.

Calificación: Muy Buena

Las enormes dificultades que ha provocado la pandemia del Covid 19 todavía están a la vista y siguen afectando la vida material y espiritual de la humanidad y ha puesto a prueba a las expresiones artísticas que deben superar este verdadero reto con la creatividad. Martín Barreiro, director del Teatro El Convento recogió el guante y estrenó Shakespeare, la perfomance, con casi veinte actores en escena, que formaron y forman parte de la compañía creada hace más de veinticinco años.

La relación de Barreiro con Shakespeare ha sido y es intensa. Recordemos sus puestas en escena de Macbeth (presentada en festivales internacionales de Antofagasta, Calama e Iquique en Chile y en el Festival Shakespeare de Francia); Otelo, Ricardo III, Julio César (exhibidas en el Festival Internacional de Teatro del Mercosur, Uruguay, en noviembre de 2014), Tito Andrónico y Rey Lear.

Se suma a ello su experiencia como dramaturgo y el espacio escénico donde transitan sus creaciones, una sala del convento de San Ramón Nonato, el más antiguo de la ciudad -data de 1601- de extensa y activa historia, hoy como hace más de cuatro siglos sede de la Orden de la Merced, una rara avis arquitectónica alzada frente al Banco Central en pleno corazón de la City.

Y al principio fue el caos…

Los jardines centenarios del antiguo convento son invadidos por un grupo de personas capitaneadas por un monje mandón. La peste arrecia y buscan allí amparo; aunque aquélla no conoce de muros, corre envuelta en ropas de luto entre los aterrados huéspedes una suerte de corte de los milagros -la mayoría mujeres- que aprovechan el caos para ofrecer sus talentos artísticos.

Arrecia la muerte pero la vida se hace presente y con ella las voces estentóreas, un clima de crispación donde el pobre monje trata de transmitir una paz que tampoco tiene. Aparece la cortesana y aquellas más casquivanas que no pueden ejercer su antigua profesión, una borracha en andrajos,  que canturrea con voz aguardentosa la letra del tango La última copa.

En medio de ese caos sobrevuela el espíritu de Shakespeare, en ese clima de sainete donde se da rienda suelta a la libertad creadora. La vida es una obra de teatro.

Este primer momento tiene algo de  Pirandello en Seis personajes en busca de autor, allí el público es sorprendido “con la llegada inesperada de seis personajes durante los ensayos de una obra teatral (incidentalmente, una propia obra de Pirandello: El juego de roles) que insisten en ser provistos de vida, de permitírseles contar su propia historia. Pirandello describe cómo este concepto se le ocurrió en el prefacio de la obra publicada: un intento inútil en la obra en la que él desistió de continuar después de darse cuenta que ‘ya he afligido a mis lectores con cientos y cientos de historias. ¿Por qué los debo afligir ahora narrando las tristes aventuras de estos seis infortunados?’ ”. (https://www.pirandelloweb.com)

Teatro dentro del teatro

Una de las más ingeniosas expresiones del teatro, inquieto desde toda la eternidad por despejar los interrogantes de la existencia humana, suele darse a través del recurso dramatúrgico del teatro dentro del teatro.

La acción en Hamlet, por ejemplo, se focaliza en preparar una obra de teatro para representar en la corte de Elsenor. El drama isabelino utilizó la convención de desnudar el teatro, dentro del teatro. Shakespeare se vale se ese recurso para que el público reflexione sobre sí mismo y sobre los límites que separan la realidad del espectador y la ficción dramática. En Hamlet, Shakespeare, remarca esta cuestión, porque el texto dramático que se representa contiene muchos elementos que coinciden con la situación real en la corte de Dinamarca. Barreiro encauza el caos inicial con los recursos de la metateatralidad, su puesta habla de teatro, del comportamiento de los actores, de la función del director, y de los límites entre la locura y la lucidez, también de la realidad y los sueños, la pandemia y sus estragos a lo largo de la historia y por supuesto de Shakespeare presente en la concepción escénica y puntualmente en cinco monólogos muy bien elegidos que completan un espectáculo al aire libre acompañado con los sones de flauta traversa y laúd que nos transporta a lo mejor del período renacentista. Un elenco parejo presta el cuerpo y la voz a estas creaturas entrañables que regalan al teatro lo mejor de sí.