Lepanto y su resonancia cultural

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Por Agustín de Beitia para La Prensa

Nota de los redactores de Revista Argentina (Tercera Época): la primera parte de esta nota de Agustín de Beitia se titula “Lepanto, una moderna cruzada” (La Prensa, 24 de octubre de 2021).

Con la Cristiandad amenazada por la expansión del imperio otomano, no puede extrañar que la Batalla de Lepanto, con su aire de cruzada y su triunfo de la Santa Liga, dejara una huella tan profunda en la cultura como para extenderse desde el siglo XVI hasta nuestros días. De hecho es posible imaginar, junto con el latinista, escritor y teólogo español José López del Toro, que el impacto se deba, más que nada, a la intensidad del drama concentrado en aquella gloriosa jornada del 7 de octubre de 1571, de la que acaban de cumplirse 450 años.

“De tal manera estaban preparados los espíritus para recibirlo (el combate de Lepanto), y tan alta llegó a ser su tensión, que si en lugar de triunfo hubiese sido derrota, tal vez estallara el mismo clamoreo, aunque en vez de himnos y hosanas se hubieran escuchado lamentos y dolorosas imprecaciones”, comentó Del Toro (1897-1972), autor de Los poetas de Lepanto.

“Una innumerable serie de fiestas civiles y religiosas, obras de arte y textos literarios celebraron la gloriosa victoria de Lepanto”, confirma el historiador italiano Roberto De Mattei en una entrevista con La Prensa. “Basta con mencionar, en el ámbito de la pintura, los frescos de Giorgio Vasari en la Sala Regia del Vaticano y las pinturas de Paolo Veronese y Andrea Vicentino en el Palacio Ducal de Venecia”, señala.

FESTIVIDADES

El catedrático español Ferran Escrivà Llorca, que es investigador en historia de la música y director musical, coincide en señalar a La Prensa que la gran magnitud del impacto que tuvo esta batalla sobre la cultura “puede apreciarse en las manifestaciones festivas que se produjeron al poco tiempo de conocerse la noticia”.

“Estas festividades se produjeron en todos los territorios de los participantes de la Santa Liga (Monarquía Hispánica, República veneciana, los estados papales y sus vasallos). También tuvo repercusiones en otras zonas cristianas”, amplía el doctor en música valenciano y profesor en la Universidad Internacional de Valencia y en la Universidad Jaime I.

Para el especialista español Juan Manuel Monterroso Montero, doctor en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela, el impacto que tuvo la batalla sobre la cultura “fue amplio, tanto en intensidad como en duración”.

Monterroso Montero, que acaba de participar de un congreso internacional celebrado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León (España) para analizar precisamente las repercusiones de esta contienda en la cultura visual de la edad moderna, responde a La Prensa que la resonancia de este acontecimiento “la rastreamos incluso en expresiones como “que baja el turco, que baja el turco”, en referencia al terror que había causado la amenaza otomana”.

El profesor señala que “su presencia en la cultura fue muy amplia”, y cita como ejemplo obras como El Abencerraje y Guerras Civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita”, ésta última su obra capital, de la que se dice que inaugura en 1595 el género de la novela histórica, o La verdadera historia del rey Rodrigo, de Miguel Luna, “que nos presenta una cierta “turkofilia””.

“Evidentemente, no podemos olvidar que Cervantes la llamó “la más memorable ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros”, dice Monterroso Montero, quien recuerda que el mismo autor aludió al tema en su Epístola a Mateo Vázquez.

En su repaso por la literatura, el especialista español recuerda además el extenso poema épico Austriaca siue Naumachia, de Francisco Pedrosa (1584), una suerte de nueva Eneida que el poeta ofreció a Felipe II para celebrar uno de los acontecimientos históricos más importantes de su reinado, y el romance Desbaratados los cuernos, de Luis de Góngora.

PINTURA

También en las artes plásticas la difusión del tema fue muy amplia, según el profesor Monterroso Montero, que tiene numerosas obras publicadas, entre ellas La pintura barroca en Galicia o El arte en Compostela.

En las artes plásticas “pasa desde una referencia directa, asociada con la conmemoración de una vitoria que erradicó el miedo al turco, a una presencia cada vez menos directa y más simbólica, que se extiende hasta el siglo XVIII. El tema de la batalla de Lepanto se convierte en un símbolo del triunfo cristiano”, asegura.

Son muchos los pintores de renombre que se ocuparon del tema. Desde Tiziano a Giorgio Vasari, desde Luca Cambiasso, o Jacopo Tintoretto II, hasta Veronesse o, más tarde, Juan Luna Novicio, todos, de un modo u otro, han representado la batalla naval y la victoria en Lepanto”, señala.

“Los ejes en los que se apoya la iconografía de Lepanto son la batalla naval, donde se incluirían los retratos de sus protagonistas -don Juan de Austria, Selím II, Marco Antonio Collonna o Juan Andrea Doria-, y las representaciones de la Virgen del Rosario”, precisa.

Batalla de Lepanto (José Ferre Clauzel)

“En el caso de la iconografía mariana -apunta- el tema de Lepanto aparece asociado con una de las mariologías: Auxilium Christianorum. Para su representación se sirvieron de la escena de la batalla naval. Aunque sólo es una referencia lejana, también se llega a establecer una comparación con el Asedio de Viena de 1683”.

“El otro tema que incluye es el de María como Refugium peccatorum, donde la referencia es el rosario”, acota, para luego indicar que “una mezcla de estas dos iconografías se encuentra presente en el retablo lateral de la iglesia de Santo Domingo de Tui (Galicia), donde en 1744 se lleva a cabo un gran retablo en el que los dos temas están unidos”.

MUSICA

Escrivà Llorca admite que “quizá las representaciones pictóricas, las medallas conmemorativas y la literatura fueron las disciplina más importantes” en las que se puede apreciar el impacto de este acontecimiento.

“En el caso musical -afirma-, en Venecia sí hubo un gran despliegue de medios y programas propagandísticos. Iain Fenlon ha estudiado los diferentes casos italianos (también Roma). En el caso de la Península Ibérica los aspectos musicales, más allá de las fiestas y celebraciones, fueron menos significativos. Es decir, se produjeron menos obras musicales ex profeso para la ocasión”.

“En la península itálica fueron bastantes autores los que escribieron sobre el tema”, asegura. Uno de ellos fue “Fernando de las Infantas, cordobés afincado en Roma, quien publicó un par de motetes: In oppresiora inimicorum: Pro Victoria in turcas. Mellite obsedionis. A. 1565 (nº 20 de su Liber III). Para la victoria contra los turcos en Malta; y Pro victoria nauali contra Turcas, Sacri foederis classe parta, A. 1571 (nº5 en el Liber II)”, explica.

Escrivà Llorca menciona también, de “Bartolomeo Lombardo, oriundo de Messina, un madrigal, Trionfo della victoria navale de la Santa Lega a 5 y 6 voces; de Giovanni Ferretti, Quae pars est o Selí Selamelch para celebrar la victoria en Lepanto y que contiene un ataque al sultán en dialecto dálmata-veneciano, y de Gasparo Fiorino, su Libro terzo di canzonelle (Venecia, 1574), dedicado a los vencedores de la batalla de Lepanto”.

“La canzonella -explica- es una fusión entre la “canzonetta” y la “villanella”.

Otros dos autores que cita son el maestro veneciano Ippolito Vaccusi, con su I secondo libro de (18) madrigali, con una canzone nella gran vittoria contra i Turchi, 5vv (1572); y Costanzo Porta, con su Missa Da pacem (a8) en conmemoración de la Batalla de Lepanto.

Por otra parte, afirma que “Pedro Vinci, Claudio Merulo y Andrea Gabrieli escribieron música religiosa y festiva para las celebraciones en Venecia”.
“En la Península Ibérica -añade- solo se conserva una pieza musical. Joan Brudrieu tiene un madrigal en castellano (“Oíd, oíd los que en la iglesias habéis nascido”) en su libro de madrigales de 1585. Luego, aparecen referencias a celebraciones religiosas (por ejemplo, en la catedral de Toledo) para celebrar la victoria cristiana en Lepanto durante los siguientes siglos”.

LITERATURA

En el caso de la literatura, uno de los que se ocupó de recoger la resonancia poética que suscitó la Batalla de Lepanto en la Cristiandad fue, como queda dicho, el escritor, latinista y teólogo español José López del Toro en un extenso volumen titulado Los poetas de Lepanto.

López Del Toro concede atención incluso a discursos y sermones de la época que registran tan importante acontecimiento y, pese a no caer propiamente dentro de los límites de su estudio, también alude brevemente a las huellas del tema en la literatura dramática, según una reseña del libro escrita por el hispanista Mariano Baquero.

Entre los poemas completos sobre Lepanto que estudia el autor, siempre según Baquero, están La Naval, de Pedro Manrique; La Austríada de Juan Rufo; el escrito en catalán en 1573 por Juan Pujol; o La Austríada de Jerónimo de Corterreal. Y entre los poemas cortos estudia la Egloga Náutica de Juan Taygeto y la Egloga de la Batalla Naval de Cristóbal de Virués, antes de adentrarse en la poesía lírica italiana del siglo XVI -Bernardino Capitanio, Horacio Rigalaccio, Aurelio Orsi, Bernardino León-, o en las composiciones de exaltación eucarística o de acción de gracias, como Lorenzo Gámbara, Publio Fulvio o Leonardo Coricio, o en las dedicadas a cantar a algunos de los héroes del gran triunfo de la Cristiandad.

La Austríada de Juan Rufo

No escapa a ese estudio la penetración del tema lepantino en el romancero español, en las obras de Cervantes, de Lope, de Francisco de Aldana, hasta llegar a los poetas románticos y a algunas creaciones literarias contemporáneas.

El recuerdo de Lepanto, en efecto, se ha transmitido a lo largo de los siglos, como dice también Roberto De Mattei, quien recuerda “el hermoso poema que dedicó en 1911 el escritor inglés Gilbert Keith Chesterton, y que merece ser releído en estos días”. Poema que, dicho sea de paso, tradujo Borges.
Ese influjo no ha cesado hasta nuestros días, como puede apreciarse en la publicación de nuevos libros, conferencias y actividades que hubo en estos días con motivo de conmemorarse los 450 años de la batalla. Apenas una muestra de eso fue la misa solemne celebrada el pasado 7 de octubre en la basílica papal de Santa Maria la Mayor, frente a la tumba de San Pío V, y el concierto de celebración dirigido por monseñor Colino en la iglesia de San Ignacio, ambas por inicitiva de la Fundación Lepanto que dirige De Mattei.