Pensamiento económico de Emilio Lamarca

In memoriam John H. Elliott: “Para mí ha sido un gran placer y un privilegio haber podido hacer algo para que la gente se interese por la historia de su propio país”.
30 marzo, 2022
Saludo Pascual
13 abril, 2022

Por Jesús María Silveyra para Revista Argentina (Tercera Época)

Nota de los redactores de Revista Argentina (Tercera Época): el próximo 5 de julio de 2022 se cumplirá el primer centenario del fallecimiento de Emilio Lamarca. Jesús María Silveyra, autor de la presente nota, ocupa el sitial Emilio Lamarca en la Academia del Plata.

Emiilio Lamarca (21 de agosto de 1841, Valparaíso, Chile-5 de julio de 1922, Buenos Aires, Argentina) fue formado en la cultura europea al vivir mucho tiempo en Gran Bretaña y Alemania, y pudo observar lo que estaba sucediendo en el “primer mundo” como consecuencia de la revolución industrial, la cuestión obrera y los movimientos sociales que se estaban formando. También, porque se vinculó con las actividades de los mineros con los que seguiría ligado al regresar a Chile. Por otra parte, su formación católica lo llevó a estudiar el pensamiento de aquellos autores liberales que, si bien miraban con recelo al surgimiento del marxismo, no despreciaban la cuestión religiosa ni la moral para evaluar el liberalismo.

En lo que se refiere a su pensamiento económico quisiera referirme en primer lugar a sus “Apuntes para el Estudio de la Economía Política” y luego a su ensayo titulado: “El Decálogo y la Ciencia Económica”. En dichos “Apuntes”, que escribió en 1877, mientras dictaba su cátedra de “Economía Política” en la Facultad de Derecho, Lamarca puso de manifiesto la importancia que le daba a la economía dentro de las ciencias sociales y morales, estableciendo principios antropológicos en los que basa su análisis, ubicando a la persona humana como centro de toda la actividad económica. La persona como centro, que busca satisfacer sus necesidades físicas, intelectuales y morales, para llegar a ser feliz. Los “Apuntes” son un resumen del plan de estudios que va dictando a sus alumnos. Plan al que le introduce cambios que reflejaran las preocupaciones del momento, como las monetarias y financieras, incluyendo el estudio de las instituciones crediticias. Al referirse al “Sujeto de las leyes económicas”, habla de la teoría de las necesidades, la teoría de la fuerza productiva del hombre y la teoría de la población. Al tratar el “Objeto de las leyes económicas”, habla de los agentes naturales y los bienes económicos, de la fortuna, la riqueza, la teoría del valor y la teoría del capital. Es de notar que Lamarca discutía las teorías del valor haciendo hincapié en el valor de la “demanda” más que en el valor del trabajo, el capital o la utilidad. Decía que: “La verdadera fuente y causa del valor es la demanda”. Por último, al referirse al “Procedimiento o funciones económicas”, hablaba de la producción, la circulación, la distribución y el consumo de los bienes, muy en sintonía con el liberalismo francés, donde la economía es una “pars pro toto” de la sociedad y, por lo tanto, su influencia se extiende a otros ámbitos sociales más amplios.

Dentro de estos “Apuntes”, valdría la pena destacar el papel que le da Lamarca a la caridad y a las obras de caridad, como una virtud sanadora para la problemática social, cuando ya otros comenzaban a poner más énfasis en la justicia social. En este sentido, su pensamiento resulta bastante conservador y se enrola dentro de la corriente de la economía caritativa. Según él, la caridad “es lo único que puede realmente atajar los abusos, auxiliar y levantar al indigente” y contribuye a una distribución equitativa de los bienes. Dirá que: “el verdadero vínculo social es la caridad y sin ella no hay progreso, como que no lo hay sin una religión que vincule al hombre con Dios y sus semejantes”.

En cuanto al segundo escrito, titulado: “El Decálogo y la Ciencia Económica”, si bien fue publicado por Lamarca en 1880, el texto permaneció olvidado hasta que, más tarde, uno de sus admiradores, Alejandro Bunge, lo hizo reimprimir en 1919 en la Revista de Economía Argentina. El tema central de esta obra es la estrecha relación entre la economía y la moral. En palabras del propio autor: “La Economía Política no puede prescindir del Decálogo, sus preceptos son tan sabios y de tan trascendente aplicación hoy en día como lo fueron cuando por primera vez los escuchó el pueblo hebreo en el Sinaí y de tan fecundo resultado en el desenvolvimiento de la legislación mosaica como en el terreno de la actividad económica”. Este análisis de Lamarca es muy original porque no era la preocupación de los economistas de la época, como seguramente no lo sea la de los de la actualidad. Y agregaba que: “La economía política no puede prescindir del Decálogo”.

Su ensayo está dividido en dos partes. En la primera, estudia la relación de la economía con los diez mandamientos. En la segunda, trata de probar, según sus propias palabras, “que la eficiencia de las funciones económicas depende de la observancia de los preceptos”. Algo así como que la economía no puede funcionar bien si se aparta de la moral. Y agrega que “existe perfecto acuerdo entre religión, moral y economía política”. Lamarca sostiene que en aquel momento existían tres corrientes de pensamiento económico en el mundo. La primera, fundada en el positivismo (que le achaca en sus luchas políticas a Julio Argentino Roca), que “hace de la economía una ciencia física, constituida como tal y regida por las leyes ciegas y fatales, como las de la materia inerte”. La segunda, que le atribuye al socialismo y al comunismo emergente en Europa que “la convierte en una ciencia antisocial, anárquica y subversiva de todo orden tradicional y secular”. Y la tercera corriente a la que denomina “espiritualista” para la cual “la economía es una ciencia social, como una sección de la ética”. Él se siente parte de esta última corriente.

Lamarca inicia el ensayo diciendo: “El objeto que me propongo es demostrar que la escuela espiritualista tiene razón, fundándome en que los diez preceptos del Decálogo se dan de la mano con los principios de toda sana economía y en que no es posible apartarse de ellos sin que inmediatamente se resienta el organismo económico que constituye el cuerpo social”. Y a lo largo del ensayo recurrirá al pensamiento de autores como Adam Smith, Juan Bautista Say, Pellegrino Rossi, Wolowski, Le Play, Laveleye, Chevalier, etc…En el caso de Rossi, dirá que: “comprendió que en ningún sistema verdaderamente científico y filosófico de Economía Política pueden la riqueza y el tráfico ser separados del hombre, de la moral y de la propiedad social” y citará un texto en el que Rossi dice: “El cristianismo dispone al trabajo y a la paz, inspira el orden, la decencia y el respeto de los derechos ajenos; permite los goces honestos, pero proscribe los placeres groseros y los derroches insensatos; condena el orgullo insolente en la prosperidad y exige la resignación en la desgracia; recomienda, en fin, la previsión y la caridad. Así, pues, si se quisiera reducir este gran tema a las proporciones de la Economía Política, el Evangelio llenaría todas las condiciones que puede exigir la ciencia para el desarrollo de la riqueza social”.

A tal punto Lamarca hace esa síntesis o de alguna manera “sincretismo” entre economía y religión que dirá: “La energía del alma, las luces del espíritu y las virtudes constituyen la fuente primera de las riquezas de las naciones; ellas la crean, la desarrollan y la sostienen, la riqueza crece, declina y desaparece con estos nobles atributos del alma”. Y se pregunta: “¿Cómo sostener entonces que la religión y la virtud no influyen de una manera decisiva sobre el adelanto económico de los pueblos?”.

Cuatro cosas creo que se destacan de la lectura de este ensayo. Primero, la relación entre la moral y la economía, de la que ya hemos hablado. Segundo, la importancia de la familia en el progreso social. Tercero la defensa de la propiedad privada. Cuarto, la necesidad de evitar el fomento del odio y el resentimiento de clases, procurando siempre el orden social.

Lamarca, como dijimos, irá haciendo en el ensayo una comparativa entre los diez mandamientos y la economía.  Por ejemplo, habla del descanso dominical para dar el debido culto a Dios (amarás a Dios, santificarás las fiestas), que le permite además al trabajador el goce de la vida familiar, de su esposa e hijos, de la reposición de energías y el disfrutar de fiestas y celebraciones. Esta conquista social, que los socialistas intentaron darle otro sentido, tuvo su origen en razones religiosas por lo que Lamarca dirá que tiene el valor de “espiritualizar la producción” y cómo la moral cristiana vino a poner un valor humano en la economía.

Al hablar del quinto mandamiento, hará hincapié en la garantía de los bienes y de la seguridad pública para garantizar el progreso económico y la paz social, exclamando: “no mates, no cooperes a la destrucción de tus semejantes, no por lucrar consumas la existencia de tus iguales, cada día que afectas a uno de ellos es un miembro del organismo económico que debilitas, cada víctima que sucumbe por tu egoísmo y tu avaricia es un eslabón que se rompe en la cadena de la sociabilidad que, según los economistas, está llamada a vincular a los hombres con los hombres y a estrechar las relaciones comerciales entre los pueblos de la tierra”.

En el ensayo, Lamarca pone un énfasis especial en la familia como base fundamental de la sociedad, influido por las ideas del sociólogo francés Le Play quien, curiosamente, no sólo había estudiado minería sino trabajado en dicha industria. Lamarca dirá que la familia “es el centro en que germina la fuerza productiva de los pueblos”, destacando “la importancia del hogar para fomentar, conservar y renovar incesantemente los elementos de productividad en el campo de las profesiones e industria”. No sólo tiene en cuenta su función de reproducción biológica, sino que sostiene que “en el plan de Dios sobre la familia se reúnen y desarrollan todas las cualidades del individuo y todas las ventajas de la asociación. Ella tiene la virtud de transformar sus inclinaciones y duplicar sus fuerzas, a la vez que suavizar el egoísmo y cambiar los hábitos”. Para él, esta función social de la familia y de las virtudes “se desarrollan en secreto, a la sombra, sin cálculo, para obedecer a ese poder enérgico y delicioso de nuestros corazones: el amor honesto”. Confieso que al leer esto me emocionó lo que dice Lamarca, pensando en la propia familia que uno ha formado. Y máxime cuando dice: “De todos los hombres, el menos imperfecto es un padre y la más perfecta de las mujeres es la madre”. Tan relevante es el papel de la familia para Lamarca que, como dirá su biógrafo Néstor Auza, su pensamiento, al respecto, se puede resumir en estas dos frases: “Todas las reformas se reducen, pues, a restaurar la familia”. “La familia es, tanto desde el punto de vista económico como moral, la clave de bóveda del edificio social”.

Asimismo, Lamarca considera que la propiedad como fruto del trabajo del hombre, es un derecho esencial de la familia. Y hablará de la propiedad y el régimen de los bienes al referirse al séptimo precepto (no robarás), basándose en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino. “Las leyes que aconseja y que reclama la ciencia económica para impedir que se lesione el derecho de propiedad, que es al mismo tiempo base y trabazón de toda su estructura, están pues todas ellas reunidas en el séptimo precepto del Decálogo. Sobre este punto no puede ser más perfecto el acuerdo entre la moral y la Economía Política”. En este punto habla de las maniobras de elusión, evasión y manipulación financiera, así como del salario justo y de los pesos y medidas. En este último caso, menciona palabras de Moisés al pueblo judío: “La balanza sea justa y los pesos iguales, justo el medio y el sextario igual”. Cuando se refiere al décimo mandamiento (no codiciar los bienes ajenos), señala que la codicia es un impulso pernicioso en la social y en lo político, señalando cómo los movimientos sociales tratan de “despertar en el pecho del indigente y del obrero la más perniciosa avidez y la más desenfrenada codicia”. “Todos los clásicos de nuestra ciencia señalan como una grave aberración la de suponer que el adelanto económico consiste en derribar a los que están en pie, para alzar a los que yacen postrados; convienen en que es menester proteger a los débiles y a los sencillos contra los abusos de los fuertes, pero no admiten otra fuerza que la reparadora del trabajo, otra acción más que la libertad unida a la caridad, otro imperio que el de la ley ejecutada por gobiernos que representan no a la multitud, sino a los derechos de la multitud y que, si toleran el error, profesan y protegen la verdad”. Lamarca observa la aparición de movimientos sociales que, con violencia, más que conquistar derechos buscan apropiarse de los ajenos. Entiende que las sociedades cuyas bases están afectadas por el vicio, la codicia, la ignorancia, la ambición y el odio, destruyen el orden social y conducen a la anarquía.