Facundo Zuviría y el realismo político argentino

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Por Germán Masserdotti para La Prensa

El patriota salteño Facundo Zuviría (Salta, 26 de noviembre de 1794-Paraná, 19 de agosto de 1861) es uno de esos “hombres olvidados de la Organización Nacional”, según afirma Enrique Díaz Araujo en una publicación en la se ocupa de su figura y pensamiento constitucional. Habiendo recibido formación filosófica y jurídica en la Universidad de Córdoba -renombrada como “Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Montserrat” a partir de 1800-, se sumergió en la vida política agonal de nuestro país desde joven. En 1814 formó parte de la Asamblea electoral que apoyó a don Martín Miguel de Güemes -con el correr de los años, le quitaría el apoyo-. En 1821 presidió la Sala de Representantes de la Provincia de Salta de la que resultó la sanción de la primera Constitución provincial.­

En 1831 se exilió en Bolivia debido a las luchas intestinas entre federales y unitarios. No obstante ser “antirosista”, supo también criticar los bloqueos anglofranceses al puerto de Buenos Aires. Volvió a su querida Salta en 1849, en los años finales de la dictadura de don Juan Manuel de Rosas. Luego de la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), presidió, nuevamente, la Legislatura de Salta. En 1853, además, presidió la Asamblea Constituyente de la que se siguió la sanción de la Constitución Nacional Argentina. Durante este proceso, pronunció su famoso Discurso del 20 de abril de 1853 en el que manifestó la inoportunidad de sancionar el texto constitucional por escrito.­

Ocupó diversos cargos durante la presidencia del Gral. Urquiza en los primeros años de la Confederación Argentina con Paraná como capital y fue senador nacional por la Provincia de Corrientes. Resultado, nuevamente, de las convulsiones de la vida política nacional, emigró a Montevideo hasta que retorno a su patria en 1861. Falleció en Paraná antes de asumir como presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.­

Me importa rescatar dos ideas fundamentales de su pensamiento político. En primer lugar, una manifestación de su realismo político. En segundo lugar, su pensamiento definitivo sobre la relación entre el Estado y la Iglesia.­

Un presupuesto por el que, en aquellas circunstancias de la vida de la Confederación Argentina en 1853, se opuso a la sanción de la Constitución Nacional, fue el siguiente: “La ciencia del legislador no está en saber los principios del derecho constitucional y aplicarlos sin más examen que el de la verdad teórica, sino en combinar esos mismos principios con la naturaleza y peculiaridades del país en que han de aplicar, con las circunstancias en que éste se halle, con los antecedentes y acontecimientos sobre que se deba y pueda calcular. Está en saberse guardar de las teorías desmentidas por los hechos, ya sea por la falsedad de ellas, o por su mala aplicación. Está también en conocer todos los elementos materiales y morales que encierra la sociedad sobre que va a legislar. Está, finalmente, en saber juzgar y combinar todas las pretensiones e intereses discordantes de los pueblos que constituyen dicha sociedad”.­

En `El principio religioso, político, social y doméstico’, afirma Zuviría: “Terminaremos este escrito, rogando a nuestros más ilustrados compatriotas, a nuestros hombres de Estado, que pues hemos celebrado tratado de paz y aun de alianza con naciones excéntricas a nuestros más vitales intereses, alguna vez celebremos otro igual de paz y alianza entre la Religión y el Estado, entre el principio Religioso y el Político, como el único que pondrá término a nuestras prolongadas desgracias, como el único que resolverá o expiará nuestros pasados errores, como el único estandarte en cuyo signo triunfaremos de nuestras pasiones de partido, reformaremos nuestras costumbres tan notoriamente viciadas, rectificaremos nuestro carácter alterado por una sangrienta revolución y corresponderemos al programa de independencia, paz, libertad e instituciones, que nos legaron nuestros padres, los héroes de 1810”.­

Tuve el enorme gusto de recordar y hablar recientemente sobre Facundo Zuviría y el Derecho Hispánico en las II Jornadas de Historia del Derecho organizadas entre el 12 y el 14 de octubre del presente año organizadas por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina (UCA), el Centro de Estudios de Historia Constitucional Argentina “Dr. Sergio Díaz de Brito” (Cehca) y el Centro de Derecho Político de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (Unsta).­

Realismo político y afirmación de la razonable unión entre el Estado y la Iglesia en la Argentina: dos verdades que resultan originales y refundacionales en un país en el que la realidad -no el relato- confirma que con la democracia fagocitadora de la República no se come, no se educa ni se cura. Dos verdades afirmadas por un “muerto” como Zuviría y no por “vivos” como el guanaco, el cóndor andino, la taruca, la ballena franca austral el yaguareté y el hornero que, alguna vez, supieron figurar en los billetes argentinos. No obstante abundar, en la actualidad, flora y fauna en la vida política agonal nacional.­