Tosca: voces y puesta en exquisita armonía

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Por Alejandro A. Domínguez Benavides para Revista Argentina (Tercera Época)

Créditos: Máximo Parpagnoli / Arnaldo Colombaroli/ Prensa Teatro Colón.

Teatro Colón

Jueves 24 de noviembre de 2022

Libreto: Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la pieza homónima de Victorien Sardou.
Elenco: Anna Netrebko, Yusif Eyvasov, Fabián Veloz, Luís Gaeta, Mario De Salvo, Darío Schmunck, Cristian De Marco, Claudio Rotella y Guadalupe Fustinoni.
Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón.
Director de coro: Miguel Martínez.
Coro de Niños del Teatro Colón.
Director del Coro de Niños: César Bustamante.

Dirección musical: Michelangelo Mazza.

Producción original: Roberto Oswald.
Escenógrafía: Roberto Oswald.

Iluminación: Rubén Conde.
Diseño de vestuario: Aníbal Lápiz.

Dirección de escena: Aníbal Lápiz. CALIFICACION: EXCELENTE.

Ver la versión de Tosca según la producción original del recordado maestro Roberto Oswald, diseñada en 1992 nos produjo un verdadero placer estético.

La escenografía deslumbrante e imponente donde se controló hasta el más mínimo detalle al mejor estilo de Visconti y Zeffirelli (por ejemplo, las luces de las velas son naturales, sin ningún artificio lumínico) creó un clima que nos sumergió en un tiempo y en un espacio que sirvió de escena ideal para que se luciera el régisseur Aníbal Lápiz, marcando con sabiduría y precisión a los actores.

La ópera es teatro cantado. Vale recordarlo una y otra vez a fuer de afirmar una verdad de Perogrullo. En general, advertimos en todo el mundo, por un lado, una tensión entre los caprichos del régisseur y por el otro la tarea de los cantantes donde el primero distrae al espectador y le hace perder de vista la labor de los segundos. En esta cuestión, no podemos seguir el consejo de un amigo y cerrar los ojos cuando no nos gusta una puesta y escuchar solamente las voces y la orquesta. No, es desnaturalizar la esencia teatral de la ópera.

En esta puesta no se dio esa situación. La belleza campeó en las voces, los objetos, el vestuario, la arquitectura y la dirección orquestal. Cada parte hizo su trabajo perfectamente y el resultado fue una obra de arte de excelencia.

A pesar de los sobresaltos y las especulaciones por la guerra que sacude a Europa. El enfrentamiento también llegó al  Teatro. Por un lado, la directora musical Keri-Lynn Wilson -responsable de la Ukranian Freedon Orchestra un ensamble en apoyo de Ucrania- no quiso levantar su batuta estando Anna Netrebko en el escenario. La soprano rusa, sin disimulos, es partidaria del presidente ruso Vladimir Putin.

Aquí la música no pudo hacer nada por la paz. Conflictos aparte, Netrebko estuvo y estará dos funciones en el escenario de nuestro Gran Teatro. Sin dudas, la soprano nos hizo vivir un momento musical inolvidable y seguramente su interpretación se sumará a la de las grandes  que desfilaron  desde 1908 a la actualidad: Claudia Muzio, María Caniglia, Renata Tebaldi y Regine Crespin.

La Tosca de Netrebko, dotada de gran teatralidad, sin sobreactuaciones, conmueve. Ha crecido mucho como actriz, entregó su cuerpo al personaje y lo demostró acabadamente en la escena de celos del primer acto. Su actitud y expresión de sus ojos frente al repugnante barón Scarpia, construido estupendamente por Fabián Veloz, en el segundo acto, y su desgarrador final ante el cadáver de su amado, son tres hitos teatrales para tener en cuenta.

Créditos: Máximo Parpagnoli / Arnaldo Colombaroli/ Prensa Teatro Colón.

La buena actuación potenció su interpretación vocal. Soprano spinto de gran volumen y extensión, no demostró dificultades ni en los graves, bien compactos, ni en los agudos, refulgentes y de una prodigalidad sonora. La zona del centro provocó una sonoridad suave y voluptuosa, hizo realidad a la Tosca ideal que muchas veces imaginamos en el escenario.

Su interpretación al final del segundo acto del aria Vissi d’arte, dotada de una enorme convicción teatral, estuvo impecablemente delineada: transmitió en un clima de oración todo el dolor y la confusión que puede atravesar el alma ante lo inexplicable. Con esa convicción pasó a un clima de ira y al asesinato del tirano Scarpia y valorizando el peso de cada palabra expreso brillantemente frente al cadáver de aquél: Avanti a lui tremava tutta Roma.

Por su parte Yusif Eyvazov, en el papel de Mario Cavararossi, demostró que es más que el marido de la Netrebko. Eyvasov, de gran presencia escénica como Netrebko se tomó en serio al personaje y lo representó de maravillas. Si bien desde el punto de vista vocal se advirtieron algunas dificultades en la emisión de los agudos, fue tan contundente su actuación que nos emocionó con la conocidísima aria -caballo de batalla de los tenores- E lucevan le stelle, interpretada con gran sentimiento, y muy buen fraseo, presagiando el momento postrero que se avecina, con matices y dejando fluir la voz. Este fue uno de sus mejores momentos.

El barítono Fabián Veloz demostró una vez más sus dotes artísticas en el escenario. Vinieron a mi memoria su interpretación de Tonio en Pagliacci, de R. Leoncavallo (2015), de Nardo en La finta giardiniera de W.A. Mozart (2021) y en esta oportunidad la composición psicológica de un Baron Scarpia, tres personajes tan distintos. En esta oportunidad encarnó a este último personaje subrayando con naturalidad su costado perverso, sin caer en sobreactuaciones innecesarias, puso en evidencia sus dotes vocales sin amilanarse ante una prima donna como Netrebko.

Créditos: Máximo Parpagnoli / Arnaldo Colombaroli/ Prensa Teatro Colón.

Luis Gaeta, Mario De Salvo, Darío Schmunck, Cristian De Marco, Claudio Rotella y la jovencita Guadalupe Fustinoni demostraron que en el teatro no hay papeles secundarios, todos ayudaron a construir un espectáculo donde la armonización fue casi perfecta.

El Coro Estable y el Coro de niños del Teatro Colón cumplieron su labor, como siempre, con gran profesionalismo y dedicación. En la Función Estelar del jueves dirigió la Orquesta Estable del Teatro Colón Michelangelo Mazza, quien supo acompañar con elegancia y, más aun, logró momentos de gran lirismo, por supuesto, sin apartarse de la partitura pucciniana. Un cierre feliz para le Temporada de Opera de este año que seguramente se recordará como uno de los grandes acontecimientos del 2022.